RESEÑA DE LA PIEL
Por Ana Paolini

La piel
Juan Terranova
Galerna (marzo 2015)
184 páginas
“Si nunca nada nos resultó satisfactorio del todo dentro de la modernidad hoy
esa sensación se agudiza. La gota china de la eyaculación apura el ritmo.
¿Para dónde se sale? ¿Qué canal simbólico vehiculizará nuestras ganas?”
La otra pornografía, Juan Terranova. Revista Paco
La novela comienza con un despido. Mientras el narrador se plantea qué hacer se muda a un lugar mas barato, camina y pasea por Buenos Aires, se masturba, navega por internet, se acuesta con tres mujeres y le roba a una de ellas. Como si existieran dos personajes opuestos en la misma persona, también se aburre y reflexiona sobre el capitalismo y su relación con el aburrimiento, con las formas cambiantes que toman los barrios, o el dinero: “El aburrimiento es el Gran Enemigo”, dice al comienzo. Otra: “Una de las trampas del capitalismo: si no tenés dinero, te ves en la necesidad de gastar más.”
Al tiempo le ofrecen y acepta trabajar para una asociación de cirujanos plásticos. A partir de ahí el ciclo anterior se repite, se acelera y se profundiza. Se vuelve más promiscuo y se acuesta con más mujeres, se masturba más, se tienta con lastimar –incluso- a la única mujer por la que siente alguna clase de amor: Majo. Roba otra vez y planea otro robo grande hacia el final. De nuevo, en forma paralela, se aburre con mayor frecuencia y reflexiona sobre los enlaces posibles entre: el capitalismo y el tránsito lento hacia la abulia; el capitalismo y la represión como génesis del deseo; el capitalismo y el goce como obligación; el capitalismo y la utopía democrática; el capitalismo, el narcisismo y el universo de la cirugía plástica. Todas estas reflexiones enlazadas convergen al mismo lugar, la necesidad destructora, ir más allá de los límites socialmente establecidos: “El deseo de generar deseo en el otro, el deseo de ser deseado, se fusiona con la lógica del capital, que es por definición la lógica de la insatisfacción, y entonces se entra en un espiral trágico y monstruoso. (…) Lidiar con el aburrimiento, con el deseo agotado, con la desidia, con la obligación ansiosa de gozar implica lidiar con la posibilidad de erotización de la muerte”
Si bien la novela abunda en escenas pornográficas que logran mantener la atención y la tensión (con esto quiero decir que el detalle es preciso donde es conveniente, apelan no solo al deseo masculino sino también al femenino, las palabras que utiliza no resultan disonantes y demás) no se trata de una simple novela pornográfica. La ficción porno es el puente para el ensayo -algo similar al recurso que Houellebecq adopta en Plataforma- y por esa razón también va sufriendo mutaciones hasta convertirse en una tarea programada y en una metáfora de la devastación : “El sexo es artificial porque el deseo es una búsqueda dura” (…) “Y sin embargo, pese a todo, siempre hay lugar para la imaginación. Claudia me contó que una vez su ex marido le pidió que se la chupara mientras él defecaba con placidez. (En realidad, la imaginación es una forma de olvido o ignorancia).”
Es un homenaje a la novela homónima de Curzio Malaparte pero además al autor en sí mismo, a la forma en que Terranova lo leyó e interpretó. En noviembre del 2013, cuando reseñó la biografía que editó Tusquets (Malaparte, vidas y leyendas escrita por Maurizio Serra) escribió en Revista Paco: “Tocaba todo. Antifóbico, experimentaba y seducía, avanzaba y retrocedía. Y ese pendular es lo que no se admite. La modernidad –contradictoria y bestial– exige coherencia.”
Si La piel de Malaparte escandalizaba y mostraba la hipocresía moral que escondía y justificaba el egoísmo narcisista de la época de posguerra, La piel de Juan Terranova es una provocación y una indagación sobre las formas reales y símbólicas que adopta la piel en esta etapa del capitalismo tardío, adicta al bisturí.
Como corolario vale decir que La piel presenta otros temas. Aveces como simples enunciaciones, como ecos que nos dicen quién es el autor. En varios libros que escribió Terranova nos encontramos con ideas y/o experiencias sobre el periodismo y los periodistas, el porteño, la cuidad de Buenos Aires, internet o el vampirismo, por citar algunos ejemplos. Uno podría pensar en una red de puntos que de manera obsesiva están siempre comunicándose y alimentándose, generando actualizaciones. En La masa y la lengua (Ediciones CEC. Buenos Aires, 2011) -y luego en varias entrevistas- el autor dice que sin internet “se siente desnudo”, que no puede trabajar sin conexión. Me atrevo a decir que la estructura que adopta su escritura se le parece bastante y es independiente de la forma de diario personal que tiene esta novela.